:: 21/05/2010
Cuando llegamos a COFAPRO:
El grupo se denomina “Cooperativa Familiar de Producción” (COFAPRO) y está compuesto por cuatro mujeres mayores de 50 años jefas de hogar, y dos jóvenes de 16 y 18 años, hijos de dos de ellas. En la actualidad realizan su actividad productiva en el Mercado Agrícola. La conformación de la cooperativa social data del año 2007, con el objetivo de realizar el procesamiento de mermeladas, encurtidos, salsas y licores. El emprendimiento surge a partir de la iniciativa de estas mujeres como una alternativa para mejorar su precaria situación socio-económica.
A principios de 2006, estimuladas por el espíritu de los cursos de promoción de la actividad emprendedora de la Facultad de Ciencias, se vincularon al Centro de Desarrollo Económico Local Carrasco Norte (CEDEL CN. IMM) a los efectos de hacer prácticas al comienzo, para luego evolucionar hacia el actual grupo productivo.
Charla inicial en el cedel:
La propuesta de trabajo con el Programa Incubadora, y su estrategia en ese momento de salirle a todo, llega cuando el grupo comienza a proyectarse como un espacio laboral, un proyecto productivo.
Del club de la mermelada a querer ser un empredimiento económico que habilite la posibilidad de vivir de eso.
Si hubiera una frase que sintetizara este proceso en el que nos embarcamos todos sería: “nos criamos juntas”. Asumir roles por unos y por otros no fue algo exento de conflictos. En todo caso no hemos tenido miedo al conflicto y mucho menos lo hemos evadido, ya que a partir de poderlo asumir es que hemos podido crecer como programa y como emprendimiento.
En momentos donde nuestra racionalidad técnica y nuestros saberes adquiridos nos enfrentaban surgía una frase por parte de ellas que ha permitido salirnos de esos compartimentos estancos de "el que hace" y de "el que sabe". Por eso es que esto ha sido “la locura que nos tiene atadas a la realidad”.
Este cierre de proceso se nos presenta en un momento donde la sensación térmica, en palabras de las integrantes de COFAPRO es: “... esto no es un trabajo de tres viejas que se animaron a generar un avance social ” pero “lo que queremos ahora es que sea rentable”. Pero para esto todos debimos construir espacios llenos de “paciencia individual, colectiva", todos debimos “ponernos a la altura” y desarrollar la “posibilidad de socializar y crecer”, crear “ámbitos que posibilitaban la buena pelea”, es decir el abordaje que posibilita crecer a partir de distintas situaciones.
Algunos de los aprendizajes:
Como programa trabajamos para irnos, con la ferviente convicción de no generar tecno- dependencia, porque esa es la forma de construir autogestión. Es en ese sentido que pequeñas conquistas representan grandes logros, como la elaboración de la contabilidad donde en resumidas cuentas y en palabras de ellas significó: “aprendía a armar la cabeza y así a usar la computadora, y así saber cuanto le tendríamos que pedir a los nuevo y proyectar el futuro con más datos reales” “Empezamos a tirar los papelitos”
Es así que recuperaron el trabajo, recuperaron la vida, la energía de pelearla todos los días y que las reconozcan como trabajadoras es la lucha cotidiana. Lucha asentada en la esperanza y la realidad, en los sueños individuales y colectivos.
"¿Qué pasa cuando las energías puestas se van agotando, cuando las cosas no dan acierto, hasta dónde cinchar del carro, cuando ya me duele todo el cuerpo, cuando aparecen los miedos de todos lo que aportamos nosotras y los que nos apoyaron para que esto funcione".
En estos vaivenes de la cotidianidad es que se da lugar a crecer, madurar, retroceder, y volver a empezar con más golpes, pero también con más alegrías en las mochilas, cargadas de esperanza, sabiduría, amor en frascos de 440grs, petacas y botellas de medio.
Así que a las EMPRENDEDORAS CONTUMASES QUE TRABAJAN EN RED. UN ABRAZO DE LOS QUE DURAN UN RATITO. Aquí no termina el camino, sólo comenzamos a soñar y luchar otras utopías.
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